El q‑commerce de supermercados en España crecerá cerca de un 40% en cinco años: así se redefine la cesta de la compra online
TL;DR
El q-commerce de supermercados en España se encamina a crecer cerca de un 40% en cinco años, impulsado por la conveniencia, la rapidez de entrega y el uso habitual del delivery. Este modelo transforma la forma en que los consumidores planifican su compra y obliga a los retailers a fortalecer su logística, datos y estrategia omnicanal.
El q‑commerce de supermercados se prepara para dar un salto cualitativo en España, impulsado por la búsqueda de conveniencia, el ahorro de tiempo y la expansión del delivery a nuevas categorías más allá de la restauración.
Más que una tendencia pasajera, se trata de una transformación profunda en la forma de hacer la compra diaria y en cómo los retailers diseñan su propuesta de valor digital y logística.
Introducción: por qué hablar ahora de q‑commerce de supermercados
El quick commerce, o q‑commerce, define una evolución del comercio electrónico hacia entregas rápidas de pedidos relativamente pequeños, normalmente en cuestión de minutos u horas, apoyadas en una logística de proximidad y en plataformas digitales especializadas. En el caso de los supermercados, este modelo se sitúa a medio camino entre la compra tradicional en tienda y el e-commerce “de carrito grande”. De ese modo, encaja con consumidores que quieren resolver la reposición del día a día sin desplazamientos ni esperas.

España se ha consolidado como uno de los mercados más receptivos a este tipo de servicios. Tiene una penetración creciente de plataformas de delivery y una base de usuarios que perciben el canal como una forma “inteligente” de organizar su tiempo. El Gastrómetro 2025 de Just Eat y distintos informes sectoriales apuntan a que el quick commerce será uno de los motores del crecimiento digital en gran consumo durante esta década, especialmente en alimentación y gran distribución.
Al respecto, Pablo de La Rica, Retail & Foodservice Manager de AECOC, ha afirmado:
Por ello, el q‑commerce de supermercados se ha convertido en una prioridad estratégica para retailers que quieren seguir el ritmo de un consumidor cada vez más omnicanal.
Radiografía del mercado: cifras y previsiones hasta 2030
El q-commerce de distribución alimentaria en España cerró 2025 con una facturación de 790 millones de euros, según aparece en el Gastrómetro 2025 de Just Eat a partir de datos de Statista. Las mismas previsiones apuntan a un crecimiento sostenido que llevará al sector a superar los 1.080 millones de euros en 2030, con un incremento del 36,7% en cinco años. En 2026 se espera alcanzar los 860 millones, y será en torno a 2029 cuando esta modalidad supere la barrera de los 1.000 millones.

Fuente: Gastrómetro 2025 – Informe de tendencias y datos de consumo de delivery – Just Eat, enero 2026
En paralelo, Just Eat sitúa el valor conjunto de la comida a domicilio y la cesta de la compra online en 2.450 millones de euros en 2030. Esto significa que el q‑commerce de supermercados ganará peso dentro del mix de delivery. Y aportará una parte relevante del crecimiento adicional del canal en los próximos años. A nivel internacional, algunos informes anticipan un fuerte desarrollo global de este mercado hasta 2032, lo que refuerza la idea de una tendencia estructural, no coyuntural.
Del delivery de restaurantes al ecosistema de conveniencia integral
El primer gran salto del delivery fue la comida de restaurantes a domicilio. El segundo está siendo la extensión a nuevas categorías de retail, con el quick commerce como eje. Just Eat, por ejemplo, subraya que su objetivo es ser “el motor logístico que lleva a casa desde lanzamientos en exclusiva de electrónica a productos de bienestar o la cesta de la compra”. Este objetivo le ayudará a ampliar su núcleo de restauración hacia un ecosistema de conveniencia más amplio.
El usuario ya no abre la app solo para pedir la cena, sino para gestionar una “cesta inteligente”. Su pedido puede incluir productos de supermercado, farmacia, mascotas, regalos o indulgencias de última hora. La vertical de quick commerce se ha consolidado como uno de los segmentos de mayor proyección dentro del sector delivery en España. Ha sido así gracias a apoyarse en la capilaridad de la red de comercios asociados y en la mejora continua de la experiencia digital.
El consumidor español: planificación, ahorro de tiempo y omnicanalidad
Los datos del Gastrómetro 2025 muestran que el consumidor español ha integrado el delivery y el q‑commerce en su planificación semanal. Las cestas de supermercado a través de estas plataformas ya superan de media los diez artículos por pedido y alcanzan un ticket medio de más de 30 euros. Ya no se trata solo de compras de urgencia, sino de una forma habitual de hacer la compra.
Además, el informe “La evolución rápida”, elaborado por Just Eat junto a PA Consulting, destaca que el usuario español es 1,4 veces más propenso que otros consumidores europeos a considerar el delivery como una compra inteligente y planificada, que le ahorra en torno a 30 minutos de tiempo libre en cada pedido. Esta percepción sitúa la conveniencia y la gestión del tiempo en el centro de la propuesta de valor del q‑commerce. Al mismo tiempo, el 77% de los usuarios declara que el delivery es un añadido a su rutina, no un sustituto de la compra física, lo que refuerza la lógica de una experiencia omnicanal integrada.
Desde la óptica del supermercado, esto implica que el cliente ya no distingue tanto entre “online” y “offline”. Espera encontrar el mismo surtido, precios y promociones independientemente del canal por el que entra. Tal y como explica el director general de Plaza Supermercados, Pascual Campos:
Retos y oportunidades del q‑commerce para supermercados y retailers
Para los supermercados y retailers, el q‑commerce abre un campo enorme de crecimiento. Pero también plantea retos importantes en términos de operaciones, rentabilidad y coherencia de marca. Uno de los desafíos más visibles es conciliar las expectativas de entregas rápidas con una estructura de costes sostenible en la última milla. Esto se ve especialmente en franjas de alta demanda como la de las 19:00, donde se concentra buena parte de los pedidos de supermercado. También es clave gestionar la capacidad de las tiendas y de los repartidores, y avanzar hacia modelos logísticos más eficientes y digital‑first.
A ello se suman los retos de omnicanalidad: mantener alineados surtido, precios y promociones entre app, web y tienda física. Y garantizar una experiencia homogénea para el cliente independientemente del canal. En paralelo, la integración de datos procedentes de todos estos canales se vuelve esencial para entender las distintas misiones de compra (reposiciones, grandes cestas, urgencias) y optimizar decisiones de surtido, pricing dinámico y promociones.

En el lado de las oportunidades, la fotografía es muy atractiva. Más allá de sumar un nuevo canal de venta, este modelo permite generar negocio adicional al capturar pedidos que, de otro modo, no se harían o se desviarían a otros operadores. Aprovecha la madurez digital del consumidor y su preferencia por soluciones cómodas. Al mismo tiempo, refuerza el rol de la tienda como nodo operativo clave. Se convierte en un hub desde el que se preparan pedidos, se ofrece recogida y se articulan entregas rápidas en el entorno cercano.
Además, se abren nuevas fórmulas de colaboración entre supermercados y plataformas. Catálogos compartidos, campañas conjuntas, lanzamientos en exclusiva, apoyadas en una base tecnológica y de datos cada vez más madura.
Conclusión: el q‑commerce como pieza clave de la nueva cesta de la compra
Todo apunta a que el q-commerce se está integrando en la vida cotidiana del consumidor con la naturalidad de otros grandes cambios digitales que, en su momento, también parecían accesorios. La compra ya no responde a un único patrón ni a un solo momento del día. Se adapta al ritmo real de las personas, a sus agendas, a sus imprevistos y a su manera de entender el tiempo. Y, con ello, también cambia la manera en que los retailers deben entender su propio negocio.
En este contexto, ganarán relevancia quienes sepan conectar bien todas las piezas: tiendas, datos, logística, tecnología y experiencia de cliente. Como si fueran partes de un mismo engranaje. Porque el consumidor se mueve con total libertad entre canales, momentos y misiones de compra, y espera que todo funcione con la misma fluidez.
El q-commerce, en el fondo, dibuja un escenario donde la proximidad ya no se mide solo en metros, sino en minutos. Y ahí, en esa capacidad de estar presentes justo cuando surge la necesidad, es donde se decidirá gran parte del crecimiento del supermercado digital en los próximos años.


