Del “Benito Bowl” al lineal: merchandising, moda y oportunidades en retail tras la Super Bowl
TL;DR
La actuación de Bad Bunny en la Super Bowl LX concentró gran parte de la atención del evento, beneficiando a diversas marcas. Los lanzamientos limitados y el merchandising vinculado al show dispararon búsquedas y ventas. La clave para el retail está en planificar colecciones y campañas alineadas con momentos culturales de alto impacto.
El show de Bad Bunny en la Super Bowl LX capturó la atención de 124,9 millones de espectadores en directo y generó 4.000 millones de visualizaciones en redes sociales durante las 24 horas posteriores al evento. Esta explosión de interés no se quedó en el ámbito del entretenimiento: se trasladó rápidamente al mundo del retail, donde marcas como Zara y Adidas vieron cómo sus productos se convertían en protagonistas inesperados.
En este artículo exploramos cómo un espectáculo de apenas 13 minutos transformó el panorama retail, desde la moda hasta el merchandising, y qué lecciones prácticas pueden aplicar los profesionales del sector para replicar estos resultados en futuros eventos.

El “Benito Bowl” como máquina de valor para marcas y retailers
Cuando Bad Bunny subió al escenario del halftime de la Super Bowl LX, no solo ofreció un espectáculo musical de 13 minutos y 41 segundos: encendió una máquina. Fue un fenómeno económico medible en conversación, búsquedas y ventas.
Según estimaciones de analítica de impacto mediático, el artista concentró el 38,81% del Media Impact Value (MIV – Launchmetrics) total del evento, generando alrededor de 170 millones de dólares en valor mediático. En términos prácticos, eso significa que casi 4 de cada 10 interacciones digitales relacionadas con la Super Bowl giraron en torno a su actuación.
Este dato tiene una lectura clara para cualquier retailer: la atención del consumidor se comporta como un recurso escaso que se redistribuye de forma radical durante los grandes eventos culturales. Cuando ese foco se concentra en una figura concreta, todo lo que la rodea recibe un “efecto arrastre”.

Las marcas que aparecieron en escena, aunque fuera de forma indirecta, obtuvieron una exposición comparable a la de un anuncio tradicional de 30 segundos… sin pagar el coste del espacio publicitario. En el ecosistema retail actual, donde la saturación publicitaria encarece la captación, asociarse a momentos culturales se convierte en una alternativa estratégica de alto rendimiento.
La Super Bowl siempre ha sido un escaparate global. Pero el show de medio tiempo de este año funcionó como una demostración práctica de algo más relevante para el comercio: la cultura pop es capaz de activar demanda más rápido que cualquier campaña planificada de forma aislada.
Moda en prime time: Zara y Adidas en el centro del juego
Zara: cuando el fast fashion ocupa el espacio del lujo
La decisión de Bad Bunny de vestir un conjunto completo de Zara durante su actuación (camisa con cuello, corbata, jersey de inspiración deportiva y chinos en tono crema, con el detalle “Ocasio 64” bordado en homenaje a su tío) no pasó desapercibida. Zara no solo equipó al artista principal, sino también a los 50 bailarines, los 12 músicos de la banda y los 40 elementos de la orquesta, marcando su debut histórico en un halftime de la Super Bow.
El dato es especialmente significativo porque la Super Bowl históricamente ha sido territorio de firmas premium o colaboraciones exclusivas. En esta ocasión, un retailer masivo ocupó el espacio aspiracional.
El resultado demuestra un cambio estructural en el consumo de moda:
- La legitimidad cultural ya no depende solo del precio.
- El contexto puede elevar la percepción de valor.
- El consumidor interpreta el producto a través del momento.
Un ejemplo extremo lo ilustra bien: camisetas internas regaladas por Inditex a sus empleados como obsequio corporativo aparecieron en reventa online alcanzando precios cercanos a 35.000 dólares.
Este caso ilustra el poder de la producción rápida en fast fashion. Zara, con su modelo de proximidad y respuesta inmediata, integró elementos culturales en tiempo récord, elevando prendas accesibles al estatus de coleccionables. Para otros retailers, la lección radica en preparar ediciones limitadas que capturen la esencia de eventos globales: no se trata solo de vender ropa, sino de asociar la marca a un momento cultural que genera deseo inmediato y reventa controlada.

Adidas y el drop coreografiado de las BadBo 1.0
Adidas llevó su colaboración con Bad Bunny, iniciada en 2021 con remodelaciones de modelos clásicos como Gazelle y Forum Low, a un nuevo nivel con el lanzamiento del BadBo 1.0, su primera zapatilla signature. El colorway marrón, limitado a 1.994 pares en referencia al año de nacimiento del artista, se agotó el 2 de febrero a un precio de venta de 160 dólares, pero su reventa alcanzó una media de 795 dólares —un markup del 397%— en plataformas secundarias.
Durante el show, Bad Bunny presentó el colorway blanco “Resilience”, que también se agotó en minutos con reventas a 271 dólares (+69% markup), mientras los bailarines reforzaban la presencia de la marca con Sambas, Ballerinas y Superstars en cada toma televisada.
Las búsquedas de Adidas experimentaron un salto del 20% inmediatamente después de la actuación, según datos de tendencias de consumo. Esta coreografía comercial —drop previo para generar hype, debut en vivo para acelerar el deseo y lanzamiento post-evento para capturar la demanda— resultó en una rotación impecable tanto en tiendas físicas como en e-commerce.
El elemento relevante no fue el producto en sí (el mercado está saturado de sneakers colaborativos) sino la sincronización exacta con el momento de máxima atención televisiva del año. Aquí aparece una de las lecciones más importantes para retail: un lanzamiento fuera de contexto compite contra miles de estímulos; dentro de un evento cultural, compite contra ninguno.
Merchandising, búsquedas y ventas: el retail como “reflejo” del show
Un mercado de merchandising que vive de los picos
El merchandising asociado a la música latina mueve alrededor de 6.800 millones de dólares a escala global, pero su comportamiento no responde a una demanda estable. Funciona por oleadas de atención, y la actuación de Bad Bunny en la Super Bowl LX volvió a demostrarlo con claridad.
En las primeras 24 horas tras el espectáculo, las búsquedas relacionadas con merchandising crecieron un 53%. Durante las siguientes 72 horas, la conversión se disparó: las ventas de productos vinculados al artista y al universo de la NFL aumentaron entre un 340% y un 580%.
Este patrón revela algo importante: el consumidor no compra únicamente para poseer un producto, sino para conservar la experiencia. La camiseta, la bandera o el accesorio actúan como extensión tangible de un momento compartido colectivamente. El evento ocurre en el estadio o en la pantalla, pero su continuidad se materializa en el retail.
Por eso el canal (físico o digital) deja de ser un punto de transacción y pasa a ser un espacio de prolongación cultural. El pico de conversación se transforma en tráfico, y el tráfico en ventas, siempre que el producto esté disponible en el momento adecuado.

Fuente: Bad Bunny’s Super Bowl stage illustrates «surreal journey» through Puerto Rico – Febrero 2026
Sincronizar catálogo físico y digital
Las colecciones oficiales vinculadas al espectáculo no aparecieron de forma improvisada. Se activaron semanas antes mediante preventas, lanzamientos escalonados y disponibilidad coordinada entre e-commerce y tienda física. Los datos de streams y búsquedas sirvieron como predictores precisos: picos en playlists de Spotify indicaban ajustes de stock en tiempo real, integrando herramientas accesibles como Google Trends para optimizar surtidos híbridos.
Los retailers que prepararon su surtido con antelación, integrando referencias alineadas con la estética del show o el contexto cultural, captaron la demanda principal. Además, lo hicieron con mejores márgenes, porque vendieron por relevancia y no por descuento. En cambio, quienes reaccionaron tras el evento solo accedieron a la fase final del ciclo: la demanda residual.
La diferencia entre ambos comportamientos no estuvo en el producto ni en el precio, sino en el timing. En eventos culturales masivos, el stock correcto en el momento incorrecto tiene prácticamente el mismo valor que no tener stock.
Oportunidades comerciales y tácticas en retail que deja el “Benito Bowl”
El impacto del show deja varias enseñanzas operativas para el retail. A continuación, un resumen práctico aplicable a retailers de cualquier tamaño:
1. Planificar con lógica de calendario cultural
La planificación comercial no puede depender únicamente de temporadas tradicionales. Debe integrar eventos relevantes del calendario cultural en compras y campañas. Eventos como la Super Bowl concentran atención global durante pocos días, pero generan intención de compra incluso antes de que ocurran. Integrarlos en el ciclo de compras permite anticipar picos de demanda muy concretos, normalmente entre 3 y 5 días alrededor del evento.
2. Diseñar cápsulas y colaboraciones exclusivas
Otra implicación es la utilidad real de las colecciones cápsula. No se trata solo de lanzar productos temáticos, sino de crear unidades limitadas vinculadas a un relato reconocible. Cuando el consumidor percibe escasez legítima y coherencia narrativa, aumenta el valor percibido y aparece el coleccionismo, incluso en categorías masivas.
3. Coordinar drops online y tienda física
También resulta clave sincronizar los momentos de disponibilidad con los momentos de atención. La previa, el descanso del espectáculo y las horas posteriores no tienen el mismo comportamiento de compra, pero todos forman parte del mismo ciclo. Mecánicas como reservas anticipadas, listas de espera o acceso prioritario para clientes recurrentes ayudan a convertir el interés en ventas sin depender de promociones agresivas.
4. Ajustar inversión publicitaria a ventanas concretas
La inversión publicitaria debe seguir la misma lógica temporal. Concentrar la activación en los días previos y en las 24–72 horas posteriores aprovecha el máximo nivel de atención orgánica, lo que reduce el coste de adquisición frente a campañas sin contexto cultural.
5. Medir más allá del ROAS
Por último, el rendimiento no puede evaluarse sólo con métricas de atribución directa. Indicadores como el share of voice o el incremento de tráfico a tienda permiten entender mejor el efecto completo de asociarse a grandes momentos mediáticos. Sin esa visión ampliada, parte del retorno queda fuera del análisis y se subestima la rentabilidad real de la estrategia.

Fuente: Bad Bunny’s Halftime Show Was a Love Letter to Latin Memory – Febrero 2026
Cuando la cultura marca el ritmo del retail
La actuación de Bad Bunny en la Super Bowl LX superó el impacto habitual de un gran espectáculo televisivo. Sirvió para observar, en tiempo real, cómo un momento cultural puede activar conversaciones, búsquedas y compras de forma inmediata y coordinada.
Las marcas presentes alrededor del show acumularon exposición y quedaron integradas en el significado del evento. Ese matiz es el que transforma un producto corriente en objeto de deseo o incluso coleccionable, porque el consumidor no percibe únicamente lo que compra, sino el contexto al que pertenece.
Para el retail, la implicación es directa. El surtido, el precio o la promoción siguen siendo relevantes, pero su eficacia depende cada vez más del encaje con el momento cultural adecuado. En definitiva, comprender cuándo el consumidor está emocionalmente implicado resulta tan importante como saber qué quiere comprar. Cuando ambos factores coinciden, la demanda aparece con una intensidad difícil de replicar por medios puramente promocionales.


